Estoy viva y aquí estoy” es el título de la muestra con la que la artista Rosa Bodni expone desde este viernes, en la Ciudad de Buenos Aires, vivencias que tienen que ver con una fuerte introspección que experimento en plena pandemia de coronavirus y la nueva cara de la metrópolis desierta durante la cuarentena. Fue en esos días que a esta médica de 53 años le diagnosticaron cáncer y aprovechó sus salidas para realizar el tratamiento y retratar una Buenos Aires mágica, que parecía deshabitada sin perder su hermosura.

Se trata de una instalación conceptual que muestra su arte, desnuda su diálogo interior, pone de manifiesto sus raíces y descubre la mirada a través del lenguaje del agua. Tras la vernissage de este viernes de 18 a 21 en La Noire Café, Bonpland 1173, la muestra continuará todos los días, de 9 a 19.30, hasta fines de abril.

Cuando parecía que el otoño me había brindado todo su color, que se aproximaba la nada, llegó el invierno con sus sombras maravillosas y la lluvia con su danza de rondas. Y caminé y caminé, incluso cuando estaba prohibido, por momentos al límite de mis fuerzas, sin detenerme nunca, sintiendo un ritmo en la música, los colores, la literatura, el francés…”, expresó Bodni para describir ese estado de contemplación que le permitió reencontrarse.

La artista manifestó que los límites que entonces le imponían su salud y las restricciones por la cuarentena no la asustaron y así descubrió un lugar en el mundo más allá del sanatorio: el bohemio La Noire Café. Allí conoció gente, se apropió de ese espacio para dar rienda suelta a su creatividad y abrazar la pasión por la fotografía.

Por eso eligió este café del barrio Chacarita, muy cerca de Palermo Hollywood y de Villa Crespo, para la instalación -con la curaduría de Vicky y Eugenia García Bouza y Magie Abásolo, de GBA estudio-, en la que estarán a la venta tanto las fotos como el catálogo. Es una invitación para asomarse a un mundo distinto y sorprendente, un mundo que bucea en los secretos del alma y del cual ningún espectador podrá salir indiferente.La sensibilidad de Bodni en relación al arte tiene raíces añejas en sus genes y se remonta a la vida de sus abuelos: Ana Paley, que se destacó en la plástica; Horacio Buceta, en la madera, y Mary Hahn, que estudió con Alfonsina Storni. Con ese legado en la mochila, la artista concibe una obra con lenguaje propio, el que desarrolló en sus largas caminatas y eligió imágenes potentes y por momentos oníricas que dejan al descubierto su mirada a través de reflejos en el agua.- (CsM)

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