Milán puede parecer un accidente

Por Pía Doldán* – Viajera invitada.

Duomo_milanoUna ciudad es la misma para todo el mundo, pero también es única para cada uno. Y es así que para cada uno hay al menos dos versiones de cada ciudad: la Barcelona, o la París, o la Venecia o la Milán común para todos, y además cada quien tiene su propia Barcelona, su propia París, su propia Venecia y su propia Milán.

En mi caso, Milán pareció un accidente. Tenía previsto un vuelo de Treviso a Barcelona, pero debido a una huelga de controladores aéreos, el vuelo se canceló. La línea aérea nos ofrecía dos opciones de vuelo para llegar a Barcelona, una desde Pisa (a 343 kilómetros de Treviso) y la otra partiendo de Milán (a 285 km).

Así como lo digo: no era Pisa la de la torre o Milán la de la moda, era Pisa a 343 kilómetros o Milán a 295. Este fue el modo en el que lo pensamos, en términos de distancia. ¿A quién se le puede ocurrir, estando en Europa, elegir un destino por razones de economía espacial? A mí y a mis acompañantes.

Fue así que, por cuestiones de azar y de ridiculez lógica, me encontré en un destino que me eligió a mí, y no a la inversa.

LAS DOS MILÁN

Llegué, entonces, a la Milán que es la Milán para todo el mundo, y cuando me fui, me fui de la que es y será la mía.

 Galleria Vittorio Emanuele II

De la primera puedo decir que visité la Piazza del Duomo donde está la Catedral de Milán (monumento de estilo gótico del cual uno de sus arquitectos fue el genial Leonardo Da Vinci). La Catedral es una de esas obras en las que hace falta tomarse al menos 20 minutos para caer en la cuenta que hace 20 minutos que se la está mirando.

Visité también, como es esperable, el cuadrilátero de la moda, la Galería Vittorio Emanuele II, el Castelo Sforzesco y, como el tiempo con el que contábamos así lo estableció, eso fue todo.

VersaceAhora, gracias al consejo que Ernest Hemingway comparte con los simpatizantes de la escritura en su novela París era una Fiesta, “nunca escribas sobre un lugar hasta que estés lejos de él”, es posible, a miles de horas de distancia, hablar de la Milán que me llevé al irme de Milán.

Cuando llegamos eran aproximadamente las siete de la tarde, así que apelamos nuevamente a nuestros superpoderes de lógica y ubicamos un hotel barato y cercano a la estación de trenes. Fue así que nos hospedamos en un hotel que elijo describir como “horizontal” (sí, el hotel no se extendía hacia arriba, en varios pisos, era un solo piso con varias habitaciones).

A la mañana siguiente, salimos de excursión por las calles milanesas. Un dato curioso: en Milán, a la milanesa no le dicen milanesa: la milanesa se llama “cotoletta”, y es, en todos los casos, de pollo y no de carne vacuna.

Lo otro que pasó en la calle, es que en Milán la gente es linda. No sé qué pasa, es como si las calles fueran la pasarela de algún desfile y cada uno de los que las transita tuvo a su disposición un equipo de diseñadores, estilistas, maquilladores, etcétera. Milán es una especie de infierno estético, pero al revés.

En las escasas horas que la partida del vuelo nos permitió estar en la ciudad, junté éstos y otros datos con los que armé mi Milán, que ahora sigue conmigo aunque no dejo de recordar a la Milán de todo el mundo.-

 * Pía Doldán-Psicoanalista

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