El bramido de  los miles de litros de agua por segundo que se desploman en el cañón del río Iguazú se oye al menos desde un kilómetro a través de la jungla, pero el agua atomizada que se eleva hacia el cielo tras el impacto se puede ver desde unos siete kilómetros sobre las altas copas de los árboles. En esa falla geológica de unos cien metros de profundidad la naturaleza formó unos 300 saltos de diverso tamaño entre la exuberante selva de árboles frondosos, lianas, cañas y un impenetrable sotobosque, con islas y piletas, que conforman una de las nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo: Las Cataratas del Iguazú.

Más de 270 saltos están del lado argentino, en la provincia de Misiones, en tanto el mayor, la Garganta del Diablo, es atravesado en el centro de su forma de herradura por la línea fronteriza con Brasil, y es allí donde la masa rojiza del río golpea con tal fuerza al precipitar que genera la fumarola que vista de lejos y desde el aire semeja el humo de un incendio forestal.

Al ingresar al área turística del Parque Nacional, el dilema es por dónde empezar ¿El Circuito Superior, y ver los saltos desde arriba mediante pasarelas que corren justo sobre el filo de las caídas? ¿El Circuito Inferior, para caminar casi debajo de los saltos, empapándose con la persistente llovizna  bajo un bramido ensordecedor?  ¿La Garganta del diablo?

En cualquier caso, lo ideal es destinar un día para recorrer el circuito Inferior y otro para el Superior, y una de esas jornadas  combinarla con la Garganta. Un tercer día es aconsejable para ver las Cataratas en una panorámica única del lado brasileño, desde donde también se las puede sobrevolar en helicóptero.

Esas opciones se amplían –y la cantidad de días necesarios también- si se agregan otros paseos o excursiones al margen de los que ofrece Iguazú Argentina, concesionaria del sector turístico del área Cataratas del Parque Nacional Iguazú. Puede ser el paseo náutico que remonta el Iguazú Inferior hasta las cataratas,  o una flotada en gomón por las aguas tranquilas del Iguazú Superior entre islotes, travesías en 4×4 por caminos bajo selva en galería o caminatas por senderos en la foresta, ideales para la observación de flora, aves y fauna en general.

El Tren Ecológico de la Selva, que aunque parece de juguete transporta miles de pasajeros por día, espera a los visitantes tras el ingreso, en la Estación Central, para trasladarlos al circuito que deseen recorrer a pie: Puede ser la Estación Cataratas,  a la que llega en unos 10 minutos, y desde donde las pasarelas se bifurcan hacia los circuitos Inferior y Superior, con conexión desde este último a la isla San Martín; de allí, otros 15 minutos y la formación propulsada a gas llega a la  Estación Garganta del Diablo, en Puerto Canoas, donde comienza la pasarela de 1.100 metros que culmina en el balcón sobre el más imponente de los saltos.

CIRCUITO INFERIOR

Este circuito incluye grandes tramos al pie de los saltos, lo que garantiza una llovizna casi permanente. Los turistas que no quieren empaparse compran unos impermeables descartables, pero la mayoría disfruta de esta ducha natural, especialmente en los días más calurosos.

Desde la Estación Cataratas, en una suave barranca abajo la pasarela lleva primero al salto Dos Hermanas, donde las cascadas mellizas forman una profunda pileta en la que hace muchos años se permitía nadar, pero luego de varios accidentes se prohibió el ingreso al agua.

Tras caminar al amparo de la frondosidad de la selva junto a los saltos Chico y Ramírez, se llega a un espacio abierto donde el Salto Bosetti parece un gran telón blanco que cae frente al balcón, que es permanentemente barrido por su lluvia y un fuerte viento.

Un segundo tramo, en  descenso más pronunciado y por un sendero de cornisa por el acantilado –aunque dentro de la seguridad de las pasarelas- lleva al embarcadero desde donde se cruza en bote a la isla San Martín.  Desde allí se puede admirar el salto del mismo nombre, que es el segundo en volumen y majestuosidad de las Cataratas del Iguazú, y unos metros más adelante, ya junto al río y casi al nivel del agua, se ve al fondo del cañón la gran bruma blanquecina de agua que se eleva y esconde a la Garganta del Diablo.

En el regreso a la Plaza Dos Hermanas se pasa por los saltos Álvar Núñez, Elenita y Lanusse. El primero lleva el nombre del adelantado español conocido como “Cabeza de Vaca”, quien en 1542 descubrió estas cataratas. Si quienes llegan por primera vez se asombran con el sonido a la distancia y a veces enmudecen ante la imponencia de sus saltos, que impresionan también  a quienes repiten la visita, es interesante calcular lo que pudo sentir Álvar Núñez y su gente tanto cuando oían el rugido de las aguas mientras se abrían paso por la selva virgen hasta encontrarse con esa maravilla de la naturaleza, cuya existencia ignoraban.

 

 

 

 

 

 

CIRCUITO SUPERIOR

Aunque con sus 1.750 metros es más extenso que el Circuito Inferior (1.700), al tener menos desniveles es de más baja dificultad y parece más corto. El Circuito Superior corre en gran parte por el filo de las cascadas y permite apreciar desde arriba el espectáculo de las aguas que caen en una configuración casi estática hasta estrellarse en el fondo y romper la masa líquida en infinitas figuras que se desparraman como pétalos blancos entre el verde permanente y las rocas.

El constante fluir ejerce un magnetismo visual -no recomendable para quien padezca vértigo- y es común ver turistas apoyados largos ratos en las barandas con la vista clavada en algún salto, como hipnotizados.

El Circuito Superior pasa también por los saltos Dos Hermanas, Chico, Ramírez y Bossetti, además de los Adán y Eva, Bernabé Méndez y Mbiguá. Desde este último, un brazo de pasarelas cruza el río Iguazú Superior y llega hasta el borde del Salto San Martín. Allí se encuentra el mirador con la mayor y mejor visión panorámica de todo el parque, incluido el lado brasileño y su famoso mirador con elevador interno y el colonial hotel Das Cataratas.

 

 

 

GARGANTA DEL DIABLO

La pasarela que conecta Puerto Canoas con la Garganta del Diablo se extiende más de un kilómetro sobre las correntosas aguas rojizas del Iguazú superior y sus pequeñas islas de selva, en un recorrido sin desniveles y con leves sinuosidades que desde lo alto lo semejan a un camino de hormigas. La similitud se acrecienta con el gran flujo de visitantes que durante todo el día hormiguea en ambos sentidos para ver el salto más espectacular de las Cataratas.

Al final del recorrido, un balcón circular permite asomarse al hueco de la gigantesca herradura formada por el vértice de la falla geológica que dio lugar al cañón del Iguazú. El agua ruge y cae a borbotones unos 80 metros, para correr, ya convertida en el Iguazú Inferior, hacia su desembocadura en el Paraná, no sin antes devolver a las alturas parte del caudal, que atomizado forma la famosa fumarola.

Por la Garganta del Diablo caen normalmente unos 1.500 litros de agua por segundo, aunque llegó a tener picos de 45.000, como en  junio de 2014, cuando  la crecida del río tapó todos los saltos, pasarelas y balcones y obligó a cerrar el acceso a las visitas. De todos modos, la gran masa de agua que cubrió todo el cañón en esos días, cuando comenzó a desagotar convirtió a los otros grandes saltos en varias Gargantas del Diablo, para deleite de los visitantes que comenzaron a ingresar pocos días después cuando se habilitaron los demás circuitos.

 

LUNA LLENA

Durante los plenilunios, el Tren de la Selva funciona fuera del horario del parque, sólo para llevar pasajeros que desean hacer el Paseo de la Luna Llena a la Garganta del Diablo, por el mismo recorrido que en el trayecto diurno.

Al comenzar la caminata en Puerto Canoas, se pide a los visitantes que guarden silencio y no enciendan luz alguna durante el paseo. Esto permite ver el paisaje con la luz natural nocturna y escuchar los sonidos de la selva: cantos de pájaros, aleteos entre las ramas, el rumor del río unos metros más abajo, el sonido del viento, el aullar de monos, chapuzones y correteos entre la flora y, todo el tiempo, el bramido en aumento de la Garganta del Diablo.

Una vez en el balcón, la caída de agua, los bucles y la fumarola toman un color ceniciento bajo el resplandor lunar y todo parece estar iluminado desde el cielo y el agua. Según el horario del paseo, la luz puede ser plateada o amarillenta si la Luna está en declive; un espectáculo que hace llorar a algunos, gritar de emoción a otros y deja paralizados a unos cuantos durante el cuarto de hora que los guías permiten permanecer en el balcón en los paseos nocturnos.

AVENTURA NÁUTICA

La Gran Aventura es una excursión náutica que remonta el Iguazú Inferior hasta colocarse virtualmente bajo los saltos de las Cataratas y que genera una gran descarga de adrenalina entre los turistas, a medida que el paseo se torna más vertiginoso al entrar en la parte estrecha del cañón, donde el bote es sacudido por las olas. Los tripulantes suministran –además de los salvavidas obligatorios- capas descartables y bolsos estancos para equipos sensibles al agua -como dispositivos electrónicos- ya que nada queda sin empaparse cuando la embarcación encara hacia el Salto San Martín o rumbo a la Garganta del Diablo  hasta que la corriente, el viento y la lluvia como una tempestad le impiden continuar su avance.

La excursión comienza  en el Centro de Visitantes del Área Cataratas, desde donde se traslada a los “aventureros” en camiones tipo “guerrero” por el Sendero Yacaratiá. Desde los asientos ubicados en la caja, sin techo, se puede apreciar la jungla y los guías ayudan en un espontáneo avistaje de flora y fauna, hasta llegar a Puerto Macuco para abordar el gomón. La Gran Aventura comienza antes de las Cataratas, pero al culminar casi nadie recuerda la primera etapa.

El paseo en gomón culmina en el embarcadero del Circuito Inferior -donde parten los botes a la Isla San Martín- y es una opción para recorrerlo desde el extremo opuesto al mencionado más arriba. Debido a los saltos y barquinazos en los dos kilómetros de aguas rápidas, esta excursión no está permitida para embarazadas ni personas con problemas de columna o cardíacos.

 

FLOTADA 

En el otro extremo de sensaciones de la vertiginosa Gran Aventura se encuentra el Paseo Ecológico, que consiste en una flotada por las mansas aguas del Iguazú Superior, en un gomón a remo que se desliza llevado en gran parte por la suave corriente a través de estrechas ramificaciones del río entre islas y selva, a veces por túneles o galerías. Es un paseo ideal para el relax en la naturaleza virgen.

Este paseo parte de Puerto Canoas y, desde la pasividad del bote, se pueden avistar especies acuáticas, terrestres y aéreas, como tortugas de agua, yacarés, monos, coatíes –éstos pululan por todo el parque – y gran variedad de aves, entre ellas coloridas urracas y los vistosos tucanes. También están las multicolores y omnipresentes mariposas, que en los días más cálidos se posan en el cuerpo de los visitantes como atraídas por el olor o la transpiración y que también revolotean permanentemente por todo el parque entre la gente.

 

BRASIL

En Brasil se ve la película de las Cataratas del Iguazú en pantalla panorámica, en Argentina usted es parte de la película”, admitía un guardaparques brasileño a CsM, en referencia a la escasa cantidad de saltos que hay del lado de su país (el 20%), ninguno de ellos de gran magnificencia –salvo la compartida Garganta del Diablo, aunque sin pasarela para acceder al balcón del lado brasileño. No obstante, la gran vista de todos los saltos argentinos desde el Parque Nacional Iguazú del país vecino justifica destinarle al menos media jornada a este paseo, para el que hay cruzar el puente internacional Tancredo Neves sobre el río Iguazú hasta la ciudad de Foz do Iguaçu.

Si bien Brasil tiene pocos saltos, cuenta con miradores en la parte más alta del cañón y un sendero en cornisa por todo el acantilado entre la vegetación, con varios balcones para disfrutar de buenas vistas de los saltos argentinos.

Los brasileños tienen un balcón en el filo del salto Floriano, uno de lo más grandes, y además cuentan con el famoso Mirador Panorámico, que mediante un elevador interno con permanente vista a los saltos a través de vidrios lleva a los turistas unos 20 metros más arriba, para una vista completa del paisaje.

Como la biósfera es la misma que en Argentina, del lado brasileño se puede observar igual tipo de flora y fauna, con prevalencia de coatíes y tucanes, aunque también monos, otras aves vistosas y las incontables mariposas.

En Foz do Iguaçu se pueden también abordar helicópteros que sobrevuelan las cataratas o todo su parque nacional, mediante viajes de 10 o 35 minutos, con tarifas que parten de los 100 dólares. Del lado argentino están prohibidos esos sobrevuelos y se han efectuado frecuentes reclamos a las autoridades brasileñas para que tomen igual medida, debido a la contaminación óptica y sonora que generan, por lo que las aeronaves sólo pueden llegar hasta la línea fronteriza, algo teórico, ya que la mayoría de los helicópteros hace rápidos sobrevuelos hasta el margen argentino del Iguazú -muy alto y en la zona menos concurrida-, sin que eso haya generado conflictos.

SENDERISMO

Además del sendero Yacaratiá, al que se ingresa con el camión que lleva a la Gran Aventura,  el Área Cataratas cuenta con el sendero Macuco –nombre de un tipo de perdiz sudamericana-, de unos 3.500 metros de extensión, que se interna en la espesura de la selva hasta el salto Arrechea, de unos 20 metros de alto y con un pozón, originado en el arroyo del mismo nombre, que desemboca en el río Iguazú.

Este sendero, en el que no se puede ingresar en vehículos, tiene dificultad baja en casi todo su recorrido, salvo en los tramos finales, donde hay unos 200 metros de dificultad alta y otros 100 de media. La selva es en algunas partes muy cerrada, lo que hace difícil la observación de la fauna, pero sólo es cuestión de detenerse hasta pasar inadvertido para los animales y entonces se pueden ver aves y grupos de monos de cerca, y hasta un puma fue avistado por un grupo familiar durante unos segundos, antes que el animal se alejara, como ocurre siempre que se encuentra con humanos.

 

PASARELAS REBATIBLES

Las pasarelas a la Garganta del Diablo cuentan con un sistema rebatible, para que las grandes crecidas del Iguazú no pongan en riesgo la infraestructura de pilotes que las sostienen, como ocurría en el siglo anterior, cuando las estructuras de cemento se derrumbaban y llevaba meses o años su reconstrucción. El sistema actual está diseñado para que, frente a un aumento extraordinario en el caudal del río, las pasarelas sean rebatidas para permitir que el agua pase libremente, reduciendo la resistencia, lo que permite que troncos u otros objetos en flotación pasen por encima sin causar roturas.

En los casos que el nivel del río es muy alto y la velocidad aumenta, como ocurrió en junio de 2014, las pasarelas son desprendidas para no comprometer la estructura de hormigón, y generalmente son arrastradas unas decenas de metros. Una vez que pasa la crecida, esas estructuras son recuperadas y los tramos se pueden rearmar en poco tiempo. Tras la crecida histórica del año pasado, que se llevó el 90 por ciento de las pasarelas, el rearmado demandó más de tres meses, un tiempo breve si se compara con los varios años que antes se necesitaba en décadas anteriores para reconstruir los pilotes de cemento de la base.- (CsM)

 

Gustavo Espeche ©rtiz

(Derechos reservados)

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