La taruca, o ciervo andino, es uno de los cérvidos autóctonos en riesgo de extinción en Argentina, por lo que se censa anualmente su presencia en sus hábitats, como el Parque Nacional Campo de los Alisos, en Tucumán, donde este año se hallaron evidencias de su persistencia en el lugar. La tarea estuvo a cargo de personal de la Administración de Parques Nacionales (APN), en zonas de hasta 4.400 metros sobre el nivel del mar (msnm), y permitió recoger 41 muestras, que serán analizadas para determinar detalles de la población de estos mamíferos en el lugar.El censo, que se hace cada primavera, tuvo lugar en noviembre último sobre un recorrido en ascenso por puestos intermedios del área protegida mencionada: La Mesada (1.660 msnm), La Cascada (2.700 msnm), La Cueva (3.700 msnm) y las Ruinas de Ciudacita (4.400 msnm).
Las muestras recolectadas fueron registradas y rotuladas e identificada cada una con su respectivo punto de recolección y los números de parcela y de transecta correspondientes. Al respecto, una fuente de Comunicaciones y Relaciones Institucionales de la APN explicó a CSM que las 41 muestras mencionadas no indican que se trate de igual cantidad de tarucas, ya que algunas «pueden pertenecer a un mismo individuo«.
Sobre la metodología para este trabajo, establecida hace cinco años por la Dirección de Fauna Silvestre y Conservación de la Biodiversidad del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, precisó que «se realiza la colecta de muestras, que incluyen heces, pelo, restos de individuos muertos y toma fotográfica de huellas. Cada hallazgo se registra bajo un protocolo individual que contempla el registro del lugar y la colecta con los métodos de asepsia adecuados para el caso«.
Ambas especies se encuentran emparentadas y tienen aspecto similar, al punto que a la taruca también se la llama huemul del norte. Su perfil es de cuerpo macizo y patas cortas, con pezuñas adaptadas para trepar laderas escarpadas en las montañas; los machos se diferencian de las hembras por una llamativa cornamenta bifurcada y una notable mancha negra en forma de Y en la cara. El relato de uno de sus expertos describe que «después de una larga jornada de pastoreo en los cerros comiendo musgos, líquenes, hierbas y arbustos, el grupo vuelve a su dormidero por el mismo camino. Sin demostrar alarma, trepan hasta el filo de la montaña y desaparecen. No los volvemos a encontrar, pero su imagen no se borrará jamás de nuestra memoria«.








